Relatos: Cuando la rubia tetona entró desnuda en tu habitación

tetona portada

Sin duda, su maravilloso y voluminoso par de tetas era lo que más llamaba la atención de nuestra protagonista de hoy. Alojada en un Motel con piscina, había sido la comidilla del bar de la terraza. Se había pasado un par de días buscando al candidato perfecto. Hoy por fin lo había localizado, tomó el último trago de su Gin-Tonic y se decidió a subir las escaleras que la separaban de la habitación de su querido desconocido.

No quería errores, así que desde el principio decidió atacar con sus armas más poderosas: sus tetas. Se separó el biquini, dejando a la vista sus pechos y llamó al timbre. No parecía haber nadie, pero la puerta estaba abierta, así que no se lo pensó dos veces y entró.

Rubia tetona follando

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Cuando por fin él apareció, ella no lo dudo. Le ofreció su sexo húmedo y con una mirada le ordenó que introdujera su lengua allí. Su nuevo amigo no opuso resistencia. Se dejó llevar por la mirada desafiante y azul de aquella chica y, como si estuviera hipnotizado, la regaló un maravilloso cunnilingus.

Una vez saciada, decidió que era el momento de conocer las dimensiones del falo al que se iba a enfrentar. Desnudó a su “partener”, y comenzó a succionar con fuerza el falo que tenía delante. No hubo sensibilidad, sólo una de esas mamadas que te dejan inmóvil. Tal era el placer que aquel hombre estaba recibiendo que no podía ni siquiera articular una palabra.

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Cuando estaba a punto de correrse, ella paró. Para posteriormente, alargar la sensación de placer de su querido vecino montándose encima. Cabalgó y cabalgó, hasta que él, harto de estar dominado, no pudo contenerse más y empezó a tomar las riendas de la relación.

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Tras probar un par de posturas en las que él decidía el cómo y el qué, notó como estaba a punto de llegar al final de tan placentero encuentro sexual. Así que la sujetó con una mano mientras acercó su verga cargada a las tetas de su compañera, quién no sólo no ofreció resistencia, sino que además se las ofreció con sus manos.

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El líquido blanco escurría por los pezones de nuestra nueva mejor amiga, quién tras paladear un poco de aquel manjar, se volvió a colocar su biquini y se fue satisfecha. Se lo había pasado bien. Mañana, más.

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