ADRI

Yo estaba muy excitada. Poco a poco sentí que iba entrando. Me daba un poco de dolor pero no dejé de presionar, sintiendo también el placer que me daba

Resulta que Alberto es un vecino nuestro, de 18 años de edad. En ese entonces yo tenía 31. Se había hecho amigo de mi marido, e iba seguido a nuestra casa. Yo sabía, por las miradas de reojo que me hacía, que le atraía. Una tarde, como tantas en la que iba a casa a charlar un rato, la conversación nos fue llevando hacia el tema de los noviazgos, el amor, el sexo. Cuando fuimos profundizando la charla reconoció, no sin ponerse colorado, que nunca había hecho el amor. Que me dijera eso me excitó mucho. Alberto es un chico de, alrededor de un metro setenta, morocho, tez blanca, atractivo. Estábamos en la cocina los dos, parados mientras tomábamos mate. A medida que la conversación seguía él se ponía cada vez mas nervioso y, cuando le pregunté por qué, me dijo que yo le atraía, que le gustaría hacerme el amor. Cuando le pregunté si se animaría se quedó serio mirándome. Me acerqué a él y le puse las manos en el pecho. Él me abrazó y comenzamos a besarnos. Sentía su excitación y la mía. Lo tuve que separar para que no me dejara marcas en el cuello. Entonces empecé a acariciarlo, llevando yo misma la mano hacia su entrepierna, sintiendo su excitación. Abrí la bragueta y puse mi mano dentro, sintiendo que estaba dura e iba creciendo. Le desprendí el pantalón y se lo bajé junto con el calzoncillo. El pene saltó como un resorte para arriba. Él lo agarró pero yo le retiré la mano, y quedó apuntando al techo. Me quedé de rodillas observándolo. Era de unos 17 cm, de piel color marrón claro, la piel del prepucio se iba corriendo de a poco a medida que se le hinchaba por la excitación, dejando aparecer el glande de color morado. Me animé a acariciarlo, primero con dos dedos y, cuando sentí la suavidad de la piel, lo hice con toda la mano. Me excitó mucho sentirlo tan duro y tan caliente. Le acaricié todo el tronco y después tomé con suavidad los testículos, que los sentí llenos, pesados (no sé como describirlo). Fui retirando la piel del glande y me quedé mirándolo, sintiendo la atracción, las ganas de comerlo, de tenerlo dentro de mi boca. Decidí hacerlo, pero antes lo acaricié con los dedos. ¡Que suave que era, que caliente que estaba, que duro...! Tomé el pene con la mano derecha y despacio lo moví para arriba, abajo, el costado... Lo dejé para arriba y le di un beso suave en los testículos. Escuché una especie de gemido de placer por parte de él, entonces le di otro beso en el mismo lugar. Luego le di un beso en un lado del tronco, en el otro lado, con el glande rocé mi nariz y le di un beso en la punta y otro en el frenillo. Saqué la lengua y, despacio, se la pasé por la punta, luego pasé por el frenillo, y fui lamiendo toda la punta. El color morado fue dando lugar al color rojo, y cada vez aguantaba menos las ganas de tragarlo, sobre todo cuando lo veía brillante por efecto de la saliva. Tomé los testículos con la mano derecha y también comencé a lamerlos. La excitación de él aumentó la mía. Abriendo grande la boca comencé a darle chupones en los testículos, mientras le acariciaba el ano con la mano. Fui subiendo con la boca sin dejar de dar chupones y, cuando llegué a la punta abrí grande la boca y la fui tragando de costado. Mi boca se fue adaptando a ese tamaño y, mientras succionaba, la lengua daba vueltas por el glande. No dejaba de acariciarlo, como masturbándolo. Ya no lo sentía tan duro, pero si más caliente y más grande. Dejé un poco para cubrirle el glande con la piel y, cuando así lo hice, metí la lengua entre el frenillo y la piel, haciéndole presión. Él cada vez gemía más, entonces volví a meter todo el glande en mi boca corriéndole la piel con la lengua. No dejaba de masturbarlo y, cuando sentí el gusto del líquido pre seminal me separé y vi un hilo que unía la punta del pene con mi boca. La volví a tragar, con desesperación mientras lo masturbaba más fuerte, hasta que empezó a eyacular. Me llenó la boca de ese semen caliente y espeso, que fue bajando por la comisura de mis labios mientras seguía lamiendo y succionando. Mientras él me acariciaba la cabeza sentí que iba perdiendo dureza, así que me separé y me levanté para darle un beso en la boca para que sintiera el gusto de su propio semen. Él me abrazó y me tomó fuerte de los muslos mientras me levantaba un poco. Me dijo que me quería hacer el amor, pero le dije que estaba en uno de esos días. Me insistió. Yo quería, pero no quería. Me insistió, me dijo que le gustaba mi cola, mis senos, mis labios. Me pidió la cola y le dije que no, pero me insistió, diciéndome que lo iba a hacer despacio. Accedí, pero lo mandé a buscar preservativos lubricados. A los diez minutos volvió hecho una fiera. No terminé de cerrar la puerta con llave que ya estábamos besándonos como locos. Lo mandé al baño a lavarse y, cuando volvió, me arrodillé frente a él para ponerle el preservativo con la boca. Quiso que fuéramos a la cama pero le dije que no, que en la cocina nos quedábamos. Me apoyé en la mesada, me levanté la pollera y corrí un poco la bombacha. Tomándola con la mano derecha apoyé la punta en el ano y lo fui moviendo y me enloqueció el cosquilleo que me daba. Primero empujé yo y luego él lo fue haciendo, mientras meneaba la cola. Él comenzó a bombear y le pedí que primero entrara toda. La tuve que volver a acomodar y nuevamente presionamos los dos juntos. Yo estaba muy excitada. Poco a poco sentí que iba entrando. Me daba un poco de dolor pero no dejé de presionar, sintiendo también el placer que me daba. Cuando iba por la mitad comenzó a bombear y ahí fui yo la que empezó a gemir de placer. En cada bombeo entraba más y le empecé a pedir que la entrara toda. Yo estaba recostada en la mesada y él me sostenía por la cintura. Como pude di vuelta la cabeza para darle un beso en la boca. El bombeo era cada vez más fuerte, y más grande era el placer que sentía yo. Parecía que me iba desmayar. No podía dejar de gemir y de gritar mientras trataba de aferrarme de algo en la mesada, sintiendo que el pene iba a reventar dentro mío, y yo con él. Cada vez iba más rápido, haciendo indescriptible el placer que sentía. Hasta que por sus gritos me di cuenta que terminó, y eso me hizo terminar a mí. Nos quedamos un momento unidos y después nos separamos, despacio. Fui al baño a limpiarme y después lo hizo él. Se quiso quedar conmigo, pero le dije que se fuera. Pero para eso le tuve que prometer que otra vez lo íbamos a hacer de nuevo.

En otra oportunidad les contaré como fue...

Autor: Adriana adrianapetisa@hotmail.com