El peligro es morboso

Hay una zona de mi pueblo que (por diferentes motivos) siempre hay unos atascos increíbles. Suele estar allí una pareja de policías locales, intentando controlar la situación, o como mínimo haciendo acto de presencia delante de la gente.

Todos los días, de camino al gimnasio, debo de pasar por esa calle. Pero, uno de los últimos días me sorprendí. No estaba la típica pareja a la que estaba acostumbrada y a la casi ni les ponía atención cuando pasaba. Esta vez estaba compuesta por un hombre, que rondaba los 50 (y sinceramente no se conservaba precisamente bien) y por una mujer: una chica que no me atrevería asegurar que sobrepasara los 30. No se muy bien por qué pero incluso ralenticé mi paso para poder observarla mejor. Muy morbosa, se estaba haciendo una coleta y con los brazos alzados se dejaba ver con todo lujo de detalles la maravillosa figura que se escondía debajo del uniforme. Su cara completamente seria le daba un aire interesante, atractivo, la hacía sin duda aun más llamativa; y no solo a mis ojos, sino a la mirada de cualquier persona que pasaba por su lado.

La verdad es que era de esas situaciones en las que incluso te plantearías robar un bolso o una cartera a cualquiera que pasara por tu lado con el único motivo de sentirte perseguido por semejante mujer. Aunque me lo planteé y estuve tentada a hacerlo, seguí mi camino al gimnasio. 
 

Tatyana Gonzalez

Digamos que el ejercicio me ayudó a relajarme un poco y olvidar dicho encuentro. Pero como me a sucedido otras veces mi subconsciente se domina solo. Sobre las 12:00, me fui a la cama y por mi mente no había pasado más ningún tipo de idea relacionada con aquella mujer. Me desperté de pronto un tanto extraña. Me sentía desorientada, exhausta. Me incorporé, sentándome al borde de la cama. Por un momento pensé que me había vuelto loca, noté como si alguien se hubiera movido al otro lado de la cama pero ni siquiera me dio tiempo a comprobarlo. Ese alguien se colocó de rodillas detrás de mí apoyando sus manos sobre mis hombros. Unas manos que poco a poco se fueron deslizando por mi espalda y tras pasar por debajo de mis brazos, cogieron todo aquello que podían abarcar de mis pechos. Sentí a la vez un suave, a la par que dulce, beso en la mejilla. Hice un amago de girarme para comprobar de quien se trataba, quien estaba compartiendo cama conmigo. No pude cumplir del todo mi objetivo, recibí nuevamente un beso pero esta vez en mis labios, en la misma linea que el anterior, suave y dulce, como si se tratase de una niña pequeña. Eso si, breve pero intenso. Aunque apenas se rozaron nuestros labios, había una cierta atracción entre ambos. Poco a poco, fui abriendo los ojos, hasta que por fin pude ver de quien se trataba.

Era una mujer, melena alborotada morena, mirada juguetona y sexy. Era lo mas cercano que nunca había podido observar de la mezcla perfecta entre sensualidad y sexualidad. Conocía esa cara, me sonaba mucho…
- ¿Despierta?, No te comportes como una niña mala, que aun estoy de servicio.- me dijo.
Me quede muerta, era la policía que había visto esa misma tarde. No supe reaccionar, ni enlazar como había ocurrido todo. Mi mente buscaba una explicación racional y mi cuerpo pedía que la besara, que la tocara, que disfrutara del momento… ya habría tiempo luego para las explicaciones.

Nuevamente no me dio tiempo ni a coger aire, cuando ella volvió hacerse cargo de la situación.
Me tumbó en la cama, y puso su mano en un lateral de mi cara. Poco a poco la fue deslizando, pasando por mi cuello, por el canalillo que formaban mis pechos al estar tumbada en la cama para terminar deteniéndose en mi ombligo. Comenzó a juguetear con mis piercings a la vez que me hablaba entre susurros en el oído, sonada tentador, pero con cierto aire amenazante:
- Las niñas buenas tienen que dormir toda noche… Las niñas malas que se despiertan y quieren jugar de madrugada hay que castigarlas…. ¿Pero te digo un secreto?, Las niñas malas son mi debilidad, por que les gusta el peligro tanto como a mi… Ahora solo puedes quedarte quieta y disfrutar conmigo…-

¿Y que se supone que se puede responder ante semejante situación?… Callar, solo podía callar.
Dejó de juguetear en mi ombligo y siguió bajando. Llevaba un culot negro, incluso yo podía notar lo húmedo que estaba, parecía que ya me había corrido una o dos veces esa misma noche. Me hacía sufrir, rozando la tela con las uñas, aumentando y disminuyendo la presión, esa chica sabía trabajar… Con un solo dedo deslizó la tela hacía un lado y con la yema recorría todo, una y otra vez, subía y bajaba, y cada vez era más fácil. Me empapaba por segundos. 
 

Tatyana Gonzalez

Me miró a los ojos y sonrió. Algo tramaba con eso y efectivamente, noté como de pronto dos de sus dedos se introducían en mi. Abrí la boca, en un intento de expresar mi placer, pero quedo reducido a un grito ahogado. Acto seguido volvió a colocar la tela en su sitio y se volvió a su lado de la cama. Se me calló el mundo encima. Osea, que este era mi castigo por ser una niña mala… ¿Quedarme con un calentón que jamás olvidaría?. No podía ser, esa mujer no podía dejarme así, este no podía ser el final.

Efectivamente en lo que yo sacaba mis propias y equivocadas conclusiones, ella rebuscaba entre sus cosas.
-Aquí está.
¿Aquí está?. ¿El qué? ¿Qué pasaba por la mente de esa chica?, Se volvió hacia mi, y volvió a sonreírme del mismo modo que había hecho anteriormente lo que me confirmaba que algo se traía entre manos.

Sacó su pistola. Me lo tome en plan broma y yo también le devolví la sonrisa pero lo que no esperaba era sentirla en mi sien, se me corto la respiración de golpe e incluso hasta mi corazón creo que dejo de latir, o lo hacía de un modo tan rápido que era imposible seguir su ritmo. Hizo el mismo recorrido, que había hecho con su mano. La deslizó por mi cara, mi cuello, entre mis pechos y llegó a mi obligo donde se dedicó a juguetear. Mientras se acercó para decirme algo:
- A llegado el puntito de peligro ¿Te gusta nena?, Disfrutalo…

En este instante creo que incluso comenzé a temblar pero aun así, estaba mucho mas excitada que antes. Bajó el arma hasta mi culot y nuevamente comenzó a rozarme. La punta de la pistola me hacía estremecer cada vez que la notaba con mayor intensidad. No pude evitar el gemido que salió de mi boca cuando la apretó con fuerza contra mi clítoris. Esta, fue la nueva señal que le dió camino libre a seguir adelante. Ni utilizó las manos para rodar esta vez la tela. El frío del arma, en contraste con lo caliente que yo estaba me hizo retorcerme de placer. Sí, aunque me cueste reconocerlo, estaba disfrutando. Quería sentir esa pistola dentro de mi, quería que me la metiera. 
 

Tatyana Gonzalez

Mis caderas comenzaron a moverse. Mi cuerpo estaba actuando por si solo, mi mente andaba un tanto ocupada en intentar comprender como el hecho de jugar con mi vida de ese modo podía ponerme tan cachonda, como podía gustarme tanto.
- Esto no a terminado, aún puedo ponerle un poco más de peligro niña mala… – Me dijo y volvió nuevamente a echarme esa odiosa sonrisa capaz de hacer que me corriera solo de verla.
Se puso la pistola a la altura del hombro, y el silencio de la habitación se vio envuelto por mi respiración acelerada y de pronto, el ruído de como cargaba.

Intenté decirle algo, intenté advertirla de que estaba loca. Que con simple movimiento mal dado por la excitación del momento, podíamos tener una desgracia ¡Joder que podría matarme!.
No me dejo ni gesticular una sola palabra, puso una mano en mi boca, y bajo su otra mano entre mis piernas…
-Tu solo quieta, y disfruta…- Y con las mismas me metió la pistola.
No pude decir nada, no pude pensar, no pude gritar… Mi cadera se había levantando haciendo que el arma se clavara aun más en mí y apretaba con fuerzas como en un intento de que no saliera. Mi cuerpo se había vuelto loco. Tenía miedo, incluso una cierta sensación de angustia y unas ganas de llorar irrefrenables que incrementaban cuando tras rozarme el pecho con el brazo, me di cuenta de que incluso mis pezones, duros, me demostraban que mi cuerpo quería más…

Comenzó a moverla poco a poco, siguiendo los movimientos que mi cadera le marcaba. Ella sonreía, se le veía disfrutando del momento aunque yo estuviese mordiéndole la mano con la que tapaba mi boca, aun no se si por desesperación o por placer.
Volví a hacer el movimiento adecuado para metermela hasta el fondo, consiguiendo no se si el mejor orgasmo de mi vida, pero sin duda, fue totalmente diferente.
-Te avisé que te iba a gustar, a todos nos gusta el peligro. A todos nos excita de cierto modo el miedo y todo aquello que se supone que está mal o no se debe hacer. Pero niña mala aprende una cosa, si juegas con algo… Es por que sabes utilizarlo.- Me dijo mientras jugueteaba con la pistola por mis labios.

No comprendí en ese momento por que me decía aquello. Se llevó la pistola a su boca y pasó la lengua, la acercó de nuevo a la mía con intenciones de que yo hiciese lo mismo. En ese mismo instante apretó el gatillo. Sonó, esperé, pero no ocurrió nada.
La pistola no tenía balas, había sido totalmente inofensiva durante todo el rato. Entonces comprendí lo que me decía. Si juegas con el peligro es porque sabes utilizarlo. No pretendió hacerme daño en ningún momento, pretendía hacerme pasar una noche, totalmente increíble y lo consiguió.

Después de esto me desperté, todo había sido un sueño como podréis haber supuesto, lo que quizás algunas personas lo hubieran calificado como pesadilla incluso. Yo lo califico como el mejor sueño que he tenido nunca. No se si el orgasmo que tuve fue verdadero, si me toque mientras soñaba o si incluso el único hecho de sentir ese morbo hizo que me corriera. Pero, tenía mi culot empapado, y mi clítoris palpitaba pidiendo más… Y por lo que tengo comprobado, si no le das al cuerpo lo que quiere… Lo busca a su manera… Así que le di ese pequeño capricho antes de ponerme a escribir, para no olvidar ningún detalle. 
 

Tatyana Gonzalez

Después de esto aprendí que el peligro es morboso. Tiene un papel muy importante en el ámbito sexual y es una forma muy recomendada para escapar de la rutina pero sabiendo lo que se hace. Y a vosotros… ¿Os gusta ser buenos o malos? 
 

Pornoaburrirse
 
 

 

Comenta este artículo

 

Tu dirección e-mail no será publicada.